Este reportaje es una deuda pendiente que Torrevieja salda hoy con Manuel. Con Manuel y su altruismo, con Manuel y su trabajo arqueológico desinteresado de muchos años, con Manuel y tantas y tantas piezas que ha rescatado del fondo de nuestra costa.

Torrevejense y salinero desde hace 36 años, Manuel es un gran aficionado a la arqueología subacuática. Jamás ha usado una botella, lo suyo es bucear a pulmón. Así lo hacía cuando descendía a 30 metros de profundidad y así lo sigue haciendo ahora, aunque reconoce que la edad ya no le permite las mismas glorias de antaño. A él y a sus exploraciones del fondo marino le debemos muchos de los grandes hallazgos subacuáticos tanto de nuestra ciudad como de los alrededores, pues colabora con 5 museos arqueológicos diferentes (Alicante, Guardamar, Orihuela, Pilar de la Horadada y Torrevieja). Es este precisamente el gran valor de Manuel y lo que le convierte en un ejemplo a seguir: dona todas y cada una de las piezas que encuentra al museo o entidad responsable de la zona correspondiente.
Nos entrevistamos con él y le preguntamos cómo surge esta afición por el buceo. La historia se remonta muy atrás, hasta un joven tres veces campeón de España de natación que volvió de Madrid –donde había estado estudiando en el Colegio Hispano de la Palabra, un centro especial para alumnos con discapacidades auditivas– y se encontró con una Torrevieja en la que no había piscinas. Pero nuestra ciudad le tenía reservada la mayor piscina que él podía imaginar, un mar que pronto se convirtió en un compañero inseparable y que, a día de hoy, sigue descubriéndole sus secretos. Manuel sabe encontrarlos mejor que nadie, conoce cada rincón desde Guardamar hasta Cabo de Palos y posee una orientación natural increíble que nunca ha necesitado de modernas tecnologías para localizar sus hallazgos en el mar.
Quisimos recoger también para este reportaje el testimonio de una voz especializada en el sector. Y no había mejor voz para ello que la de Antonio García Menárguez, anterior Conservador de Patrimonio Cultural de Guardamar, arqueólogo y, en este caso –nos resaltó–, un buen amigo de Manuel desde hace 20 años. Antonio destaca el papel de “buen ciudadano” que ejerce Manuel cada vez que rescata y entrega una pieza del mar. “Hace lo que debería de hacer cualquier ciudadano con arreglo a la normativa vigente porque el patrimonio arqueológico es de dominio público” –asegura Antonio, que recuerda también la capacidad de Manuel para descender “casi en plan kamikaze” donde otros compañeros no podían llegar. El arqueólogo nos habla también del “sexto sentido” de Manuel a la hora de localizar cosas que son invisibles a los ojos de los demás, de su interés, de ese “defecto profesional de arqueólogo” que ha desarrollado de ir mirando para abajo que lo ha llevado a encontrar tantas piezas.
No conseguimos que Manuel se mojase y se decantase por una pieza favorita entre todas las que ha rescatado del mar y, por lo mismo, le preguntamos a Antonio cuál creía que era el hallazgo más importante del torrevejense. Para él, un ejemplo de la repercusión que tienen los descubrimientos de Manuel es la base de una pieza de cerámica griega que el buceador encontró en la playa de La Estación y que a Antonio y su equipo les permitió confirmar que en el S.V a.C. en las salinas de La Mata ya se exportaba sal. Otro ítem que añadir a la larga lista de agradecimientos…