Desde que comenzamos a realizar este reportaje, hemos oído hablar a muchas mamás y papás sobre lo agradecidos que están con el trabajo que hacen en los comedores escolares. Según la mía, mis hermanos y yo aprendimos a comer variado en el comedor de la guardería. Y es que, si en algo coinciden los expertos, es en que la edad escolar es una etapa propicia para crear y consolidar buenos hábitos alimenticios. Es en este periodo cuando los niños experimentan su máximo desarrollo intelectual y físico; cuando empiezan a adquirir los distintos grados de autonomía que cada ciclo requiere, por ejemplo, aprender a comer solitos o mantener una correcta higiene bucodental.
En los tiempos que corren, que los papás puedan despreocuparse de la comida de los niños porque en la escuela tienen asegurado cada día un menú planificado, completo y equilibrado, es algo impagable. Esta tranquilidad ha sido posible gracias a una profesionalización de los comedores escolares, que han tenido que adaptarse a las nuevas necesidades que la sociedad les exigía. Hoy están totalmente preparados para acoger a pequeños comensales con restricciones alimentarias por alergias, intolerancias, motivos culturales o creencias religiosas, así como a niños que necesiten un apoyo especial, sin que eso suponga una preocupación para los papás.
El comedor escolar es competencia de conselleria, que se encarga, entre otras cosas, de becar a las familias según los criterios establecidos y de fijar un precio estándar para el menú. 4,25€ que incluyen mucho más que un menú completo. A la comida casera que cada día se realiza en las cocinas de los colegios, hay que sumarle el trabajo de las monitoras que están a cargo de los niños durante las 3 horas que están en el centro.  El director del CEIP Las Culturas nos comentaba al respecto que “los alumnos se van con los deberes hechos y también con la parte social, porque hay que tener en cuenta que, tal y como está la sociedad, el barrio como lo conocíamos ha desaparecido, ya no salen a la calle a jugar. El niño entra a las 09:00 y se va a las 17:00h con la parte académica, la alimenticia, la social y de ocio hechas”.
LAS MONITORAS
Nada de esta “locura” que es la hora de la comida en un mesa a la que se sientan cientos de niños, sería posible sin el trabajo entregado que realizan las monitoras de comedor. Ellas conocen a los alumnos, sus manías, la tesitura familiar de cada uno… Una infinidad de detalles que puede influir en la correcta alimentación de un niño. Con ellas aprenden desde pequeñitos lo importante que es lavarse las manos antes de comer, a cerrar el grifo mientras se cepillan los dientes –porque el agua es de todos– y los modales que se deben guardar en la mesa. Porque, al fin y al cabo, en la escuela, no importa el momento, nunca se deja de aprender.
VIDA SANA Y ACTIVIDAD FÍSICA
Una de las indicaciones que se ha dado desde conselleria para este nuevo curso es precisamente incidir en que los menús sean lo más saludables posibles. El equilibrio entre alimentación y vida sana es muy importante en la edad escolar. Por ello, las empresas que gestionan los menús de los comedores escolares, en un intento de facilitar esta tarea a las familias, ofrecen unas pautas para planificar y equilibrar las cenas en función de la comida ofrecida en el colegio.
También es de vital importancia la actividad física, evitar el sedentarismo. Nuestro buen clima ofrece la oportunidad de que los niños puedan aprovechar el tiempo de ocio tras la comida para realizar actividades al aire libre.
En el Semanario Vista Alegre quisimos conocer desde dentro cómo es una jornada en un comedor escolar y la dirección del CEIP Las Culturas nos permitió mostrarle a nuestros lectores el trabajo que llevan a cabo para alimentar cada día a 400 alumnos.